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Palestina en 1905 está divida entre varias unidades administrativas menores del imperio otomano. Son inexistentes las comunicaciones e infraestructuras modernas, el atraso es brutal, el gobierno es todo lo corrupto que se puede imaginar y cada vez más campos son abandonados por la inseguridad o la dificultad para hacerlos mínimamente provechosos. La población musulmana, de medio millón de personas, es mayoritaria. Solo 25.000 de más de un millón de refugiados judíos que han huido de las masacres desde el Este europeo hacia Occidente, se han asentado en la región.

El sueño sionista que alienta a la minoría que emigra a Palestina pasa por crear una nueva clase de labriegos y agricultores independientes. La fórmula, la moshava, se parece a la de las ecoaldeas actuales: una cooperativa que pone en trabajo las tierras, crea unas infraestructuras mínimas y después las lotea entre los socios que se transforman en propietarios individuales de una determinada parcela. Las moshavot son financiadas en su mayoría por la Asociación Colonizadora Judía (ACJ) (dedicada a crear granjas para los refugiados en Argentina, Canadá, Turquía y muchos otros lugares) y el Fondo Nacional Judío, fundado cuatro años antes. Pero estas organizaciones hasta 1920 solo comprarán tierras baldías o abandonadas por los latifundistas locales. El patrimonio comprado con estos fondos no es más que una colección de pedregales, pantanos y secarrales de difícil provecho. Las moshavot se sostienen gracias a continuas refinanciaciones del capital solidario internacional y para colmo, el tipo de cultivo posible -en su mayoría frutales y vides- exige la contratación de mano de obra -tanto judía como musulmana- en unas condiciones que escandalizan al pequeño movimiento de trabajadores judíos organizados.

Este germinal movimiento obrero se verá reforzado por la llegada de una nueva oleada de emigrantes (la «segunda aliyah») que huían de los pogromos en Rusia y de la represión que siguió a la revolución de 1905. Los recién llegados unían convicciones socialistas al ideal sionista. Los más jóvenes se integran en las primeras «granjas preparatorias» de la ACJ. El objetivo de estas instalaciones es enseñarles los trabajos propios del jornalero y el peón de estancia al tiempo que se aclimatan a la región. Comparten casas y de forma espontánea ponen los ingresos en común. Les empiezan a llamar comunas. Emerge entre ellos un sentimiento de fraternidad azuzado por la dureza del trabajo y la vocación de convertirse en «conquistadores de tierra», es decir los que al limpiar pedregales y preparar las tierras para el cultivo, hacen posible su colonización posterior.

El nacimiento de Degania

Fase 1: Compartirlo todo en ausencia de todo

degania 1920En 1908 encontramos un grupo de tres amigos. Tienen todos dieciocho años y todos son varones. Van por los primeros asentamientos judíos realizando trabajos como temporeros. La situación económica es dura y lo que ingresan no llega para comer regularmente. Por motivos prácticos, comienzan a vivir juntos y poner sus salarios en común. Están intentando hacer realidad la idea de la «conquista del trabajo» y son reconocidos como buenos trabajadores. Se les unen otros tres de la misma edad y contextos ideológicos. Tienen problemas con los gestores del asentamiento en el que trabajan y organizan una huelga que pondrá el foco sobre ellos. Se trasladan de asentamiento y se les une otro grupo más -dos chicos y dos chicas- que también venía de ese «compartirlo todo» forzado por la necesidad material. Empiezan a generar atención. Les llaman «comuna» y ellos mismos empiezan a darse cuenta de que su modo de vida, compartiendo y decidiendo todo entre todos, no solo les permite vivir mejor sino que se están creando unos lazos afectivos que en un entorno tan duro les permiten ser mucho más resilientes y autónomos.

Fase 2: La cuadrilla de pioneros

degania 1920Se comienzan a «vender» como un grupo de trabajo de «élite» preparado para los trabajos más duros y se ofrecen, ya como cuadrilla, para labores de pionero en terrenos lejanos y adversos: despedrar y desbrozar, construir las infraestructuras básicas, hacer la primera siembra. En 1910 consiguen ser contratados por primera vez como grupo -aunque solo los varones- para preparar unos terrenos en una zona insalubre, Um Juni, atestada de malaria, junto al lago Kinneret (el Tiberiades). Marchan todos -también las mujeres- porque separan claramente su propia organización, la kvutza, del contrato que les liga al FNJ propietario de las tierras. Legalmente, para poder habitar el lugar, ellas figurarán como empleadas de ellos. Llegan el 28 de octubre y se asientan en tiendas de campaña.

Pronto aparece la primera institución: la reunión nocturna tras el trabajo donde todos discuten de todo, reflexionan sobre lo que están viviendo y organizan las cuestiones prácticas, «al modo de una reunión familiar más que al de un comité ejecutivo». Cuando la administración intenta desplazarles a un nuevo asentamiento en el que tendrían que fundirse con otra kvutza y someter su trabajo a la asesoría de agrónomos profesionales, se rebelan: no les importa cambiar de terreno, pero para que una comunidad funcione y pueda desarrollar el tipo de pedidos que les exigen, aseguran, es fundamental tener una autonomía total sobre su propia organización. Para la época y sus escalas, los doce de «Um Jumi» no son más que una pequeña cuadrilla de trabajadores no cualificados, pero son conscientes de que son «otra cosa» y lo hacen valer tratando de tú a tú al mismísimo Fondo Nacional Judío y sus gerentes. Un nuevo administrador -Ruppin un gerente excepcionalmente abierto e inteligente que será una figura clave en el desarrollo de kvutzot y kibutzim- negocia con ellos: cede en todo pero a cambio de que -con un crédito del propio FNJ- dejen las tiendas y creen los primeros edificios. A los comuneros les da miedo, temen perder parte de su identidad como «grupo de vanguardia» al asentarse, pero finalmente deciden aceptar, quedarse en Um Jumi. Simbólicamente le cambian el nombre por «Degania», flor de gramínea. Es el 26 de julio de 1910. La decisión de permanecer y convertirse en granjeros se materializa pronto en la primera boda.

Fase 3: Pareja, familia y comunidad

degania 1915 caraLas condiciones son durísimas pero para finales de 1912 tienen ya beneficios y comienzan a devolver los créditos recibidos para comprar herramientas, semillas y materiales de construcción. Ya hay un niño, lo que obliga a una reflexión. Y las dos mujeres exigen igualdad en la participación en el trabajo, no estar recluidas en las actividades domésticas. El resultado será el primer modelo comunitario pleno: los niños se consideran responsabilidad colectiva, las parejas -y sus eventuales hijos- tendrán espacios -habitaciones primero, bungalows después- y tiempos propios, pero las comidas seguirán siendo colectivas. No se ve en ningún momento -a diferencia de lo que ocurrirá habitualmente entre los colectivistas- oposición entre las familias que están surgiendo y la comunidad. Al revés, como dice Miriam Baratz «es importante crear una célula familiar (…) y desde ahí ir al comedor comunitario para llevar el espíritu de la pequeña familia a la gran familia».

Más importante y más revolucionario aun para la época, la igualdad en el trabajo de las mujeres les obliga a incorporar al modelo dos innovaciones radicales: el trabajo doméstico pasa a ser también responsabilidad de los varones y la producción se diversifica para requerir menos intensidad con nuevos cultivos de regadío y olivos, gallinas, una lechería, un huerto y pronto miel. La igualdad les lleva a una mayor productividad. Cuanto más se comunitarizan más abundancia crean.

Fase 4: Comunitarización total

degania 1919Entre 1914 y 1923 se definirá el modelo de forma definitiva. En un principio para dar cabida y protagonismo a nuevos miembros que llegan como temporeros el fondo común existirá solo para los miembros más comprometidos y un sistema de salarios por resultados para el resto. En 1919 el grupo fundador propone una bajada de salarios (que solo ellos seguían poniendo en común) para comprar al FNJ la propiedad de las tierras. El objetivo: que la combinación de propiedad e ingresos variables en función de los resultados empujara una integración de verdad.

Pero los cambios y la cooperativización de la propiedad siguen sin funcionar. Al aparecer nuevos modelos cooperativos la comunidad se divide entre los que quieren explorar los nuevos modelos en nuevos asentamientos y los que quieren ahondar en la comunitarización. De los más de 80 que habían llegado a ser contando a los temporeros, solo quedarán 25 adultos -13 de ellos mujeres. En consecuencia se reducen las tierras cultivadas y se diversifica aun más la producción. Por primera vez se hace consciente que el centro y el objetivo del trabajo no es cultivar más tierra ni dar cabida al mayor número posible de personas, sino mantener y desarrollar las relaciones comunitarias. El objetivo de la comunidad es la comunidad misma. Estamos ya en 1920.

Fase 5: crecimiento

degania 1922No tratarán de integrar en la comunidad a los nuevos grupos de emigrantes que llegan desde Europa. Dos de ellos llegan ese mismo año. Se convertirán en kvutzot independientes -Degania Bet y Degania Gimmel- aunque se establecerán en las cercanías y usarán los sistemas de regadío, las herramientas, recursos y servicios de Degania. La idea de crecer como una confederación de kvutzot empieza a flotar en el ambiente.

La economía comunitaria mientras tanto crece. Para 1922 Degania ha pasado de 23 a 35 miembros y el número total de kvutzot ha pasado de tres a ocho. Es necesario hacer un «modelo» explícito para evitar que las comunidades recién formadas repitan los mismos errores de Degania en la construcción de una vida comunitaria autosuficiente. La respuesta parece obvia, declararse comuna abiertamente y superar de una vez la división entre cuentas y salarios particulares para «los nuevos» y fondo comunal para «los viejos».

Para 1923 lo que están en las distintas «deganias» son los que realmente quieren el modelo comunitario, la comunidad «de verdad», unida por lazos interpersonales, donde todos cuidan de todos, todo se decide por consenso y todo se comparte. El kibutz es una realidad y el modelo se convertirá en la espina dorsal del nacimiento de una nueva clase trabajadora auto-organizada en comunidades igualitarias.

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  1. El nacimiento de Degania https://lasindias.club/el-nacimiento-de-degania Textos para el segundo panel de la exposición «La Conquista del Trabajo»

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